
Sé de la sed que se contempla desde el puente
Cuando la lengua es un corcho quemado y la garganta se anuda
Y los perros de un recuerdo mastican sus entrañas
Buscando el alimento que se lleva el tiempo
El desamor se desdice de sus miserias
Observa el espejo por el lado de atrás
Cuando quiere renegar las veracidades de su imagen
Y convierte en maldición la sonrisa que pudo ser
Y en ese avatar es que te sueño, fantasma de mujer
Como tantas veces
Arropada en el incierto de mis búsquedas
En el río que transcurre sin percatarse de mi sombra en la orilla
Cuando inclino la cabeza en ceremonia y rezo
Y veo el cuerpo arrugado que se mece y no acompaña a la corriente
que agoniza por alcanzarte
Es cuando quiero acariciar esa luna que se acerca
Y me habla del niño de algún día
Cuando creía en el conejo comiendo del estómago blanco
Y el sol era una estrella amarilla con sonrisa y ojos bizcos
Tironeo entonces de la soga imaginaria
En el intento de atrapar el pretérito
Ese duende transformado tantas veces
En que estabas allí, del otro lado del puente
Diciendo adiós
Haciendo crecer el curso de las aguas
Mientras yo me ahogo
De tanta sed
Carlos Vico
Cuando la lengua es un corcho quemado y la garganta se anuda
Y los perros de un recuerdo mastican sus entrañas
Buscando el alimento que se lleva el tiempo
El desamor se desdice de sus miserias
Observa el espejo por el lado de atrás
Cuando quiere renegar las veracidades de su imagen
Y convierte en maldición la sonrisa que pudo ser
Y en ese avatar es que te sueño, fantasma de mujer
Como tantas veces
Arropada en el incierto de mis búsquedas
En el río que transcurre sin percatarse de mi sombra en la orilla
Cuando inclino la cabeza en ceremonia y rezo
Y veo el cuerpo arrugado que se mece y no acompaña a la corriente
que agoniza por alcanzarte
Es cuando quiero acariciar esa luna que se acerca
Y me habla del niño de algún día
Cuando creía en el conejo comiendo del estómago blanco
Y el sol era una estrella amarilla con sonrisa y ojos bizcos
Tironeo entonces de la soga imaginaria
En el intento de atrapar el pretérito
Ese duende transformado tantas veces
En que estabas allí, del otro lado del puente
Diciendo adiós
Haciendo crecer el curso de las aguas
Mientras yo me ahogo
De tanta sed
Carlos Vico
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